ERNESTO LACLAU: “La política es caminar entre dos precipicios”


Por Carolina Keve (Pagina 12. 21/4/07)

Las posibilidades y los desafíos de Latinoamérica en un incipiente mundo multipolar. Los electorados de centro y su permeabilidad al discurso de la derecha. Las demandas insatisfechas pero no corporativas que hoy atraviesa la Argentina. El dilema de los movimientos de protesta social.

–¿Cómo puede entenderse el apoyo popular a un candidato que responde a los sectores patronales con promesas de corte liberal?

–Es justamente lo que yo abordo en mis últimos trabajos con la noción de antagonismo. Hay momentos políticos donde la disgregación, la heterogeneidad social, es tan grande que no se puede reconducir a ningún principio de unidad. Ese fue exactamente el problema que enmarcó las elecciones en Francia, y corresponde a un patrón que se repite en la mayoría de los países. Hoy es el electorado del centro, aquel más heterogéneo, el que finalmente decide cualquier resultado político. Lo más peligroso es que se trata de un electorado que tal vez tiene demandas de corte progresista, como la despenalización del aborto, pero al mismo tiempo responde a un discurso a favor de la seguridad, de tipo reaccionario. Es decir, no hay una sectorización bien definida y esa dispersión genera reglas poco claras. Aparecen entonces casos donde discursos de derecha terminan recibiendo la aceptación y el apoyo explícito de algunos sectores de la izquierda. Es algo peligroso, porque en realidad así no se sabe bien en qué dirección puede ir la política.

–¿Este análisis puede aplicarse a la Argentina? Hay un sector que puede definirse como el centro, que hoy no sabe a quién votar.

–Sí, pero el peligro es mucho menor. La dispersión de las demandas sociales registrada en este país durante el 2001 ya no existe. En ese entonces había una enorme proliferación de las protestas sociales que no lograba traducirse en el sistema político. Y eso era lo peligroso, porque el “que se vayan todos” implicaba que quede uno solo.

–Sin embargo, en las últimas semanas aparecieron varios focos de conflicto.

–A mi entender, lo que hay es una exacerbación desde distintos sectores sobre conflictos muy específicos, como fue lo que ocurrió con Santa Cruz. Es cierto que hay demandas insatisfechas, pero estas demandas no son de tipo corporativo porque, a diferencia de cuatro años atrás, hay un espacio político que articula los reclamos sociales. Néstor Kirchner justamente se enfrentó con la necesidad de lograr que la movilización de las bases tenga efectos a nivel del sistema político. Esto implicó conciliar dos lógicas: la institucionalización y la movilización. Por supuesto que hay peligros, pero son los peligros que hay siempre y que hacen a la política. El antagonismo llevado al extremo puede conducir a una dicotomización extrema del espacio social, fue lo que pasó con la fórmula Braden o Perón. Pero sin conflicto no hay política.

–Por el contrario, si se institucionaliza la protesta se habla de cooptación.

–Ahí el peligro es el reemplazo de la política por la administración. Y eso no es más que la eliminación del momento político. Jorge Abelardo Ramos decía que “la sociedad nunca se polariza entre el manicomio y el cementerio”. Es decir, el cementerio sería un régimen completamente institucionalizado, mientras que el manicomio es el puro antagonismo. Siempre lo que se da es una situación intermedia, en que lo político opera a través de las lógicas equivalenciales, articulando las demandas, y lo institucional también tiene su parte. No hay nunca un populismo puro.

–En el caso de los piqueteros se planteó un dilema. ¿Cómo responder a un Estado que repentinamente atiende sus demandas sin perder su lugar como actor antagónico?

–Es en realidad el problema con el que se enfrentan todos los movimientos sociales. Ya que si se mantienen en completa autonomía, sin entrar a un nivel de representación dentro del aparato estatal, pueden terminar disolviéndose. No creo que haya un autonomismo social radical por el cual los mismos actores sociales sean capaces de expresarse enteramente. Pero, por otro lado, si entran pueden ser cooptados por el aparato, con lo cual pierden su autonomía. La política siempre es caminar entre dos precipicios.

–Hace dos años usted planteó la posibilidad de un nuevo equilibrio mundial a partir de la consolidación de la Unión Europea como bloque diferenciado de Estados Unidos. ¿El “no” del referéndum francés liquidó esa perspectiva?

–Evidentemente la situación es más difícil que hace dos años. El referéndum a través del cual los franceses rechazaron la propuesta de una constitución europea creó una reacción nacionalista en países como Francia u Holanda profundamente negativa para la integración. Hoy en Francia el enemigo es el plomero polaco. Sin embargo, aquí el verdadero problema es que el proceso siempre fue encarado desde un plano económico. Todavía no hay una identidad social. No hay una identidad europea. Las personas no se identifican como “europeos”.

–Con este panorama europeo, ¿seguimos en vías de un orden multipolar?

–Los actores protagónicos van a variar en los próximos años. Las últimas elecciones norteamericanas han sido una bofetada al proyecto de Bush. Estados Unidos cada vez se enfrenta con voces más críticas en el frente interno respecto del modelo neoliberal. Creo que lo que va a haber es un pragmatismo en el manejo de la realidad económica que va a hacer agua al modelo más ortodoxo, van a tener que empezar a pactar con nuevos sectores. China va a ser una potencia capaz de rivalizar con Estados Unidos. India se está transformando en una potencia mundial.

–¿Qué rol le cabe a América latina en este escenario?

–Hay que entender: en el mundo multipolar que se está empezando a gestar, América latina puede ser protagonista en la medida en que se consoliden el Mercosur y los nuevos proyectos de integración regional, como el Banco del Sur. Con la Cuenca del Orinoco, una de las principales fuentes petrolíferas, Venezuela puede desplazar en importancia a Arabia Saudita. Y la situación social en la región es completamente distinta. Todavía encontramos numerosas situaciones de marginación, pero si uno observa casos como el de Argentina o Venezuela se da cuenta de que pueden ser más fácilmente captadas por el espacio político que en el caso europeo.

–Pero todavía queda un largo camino por recorrer.

–Absolutamente. Aún existen fuerzas centrífugas que combatir. Por ejemplo, el presidente Tabaré Vázquez se fue a Washington tratando de traicionar al Mercosur. Este hecho uno lo puede enmarcar dentro del reclamo histórico de los países más chicos del bloque, pero nada justifica su posición dado que si la forma de minimizar esos reclamos es tratar de moverse hacia un multilateralismo en el cual cada país arriesga acuerdos privados con Estados Unidos, todo el proyecto continental se disuelve. Por suerte, Tabaré no tuvo la suficiente fuerza interna como para lograr eso. Ahí el canciller Reynaldo Gargano jugó un papel muy positivo.

–Aun las relaciones con Washington siguen generando disensos en el bloque. En este sentido, algunos le endilgan a la Argentina mantener una posición ambigua sobre el tema.

–No creo que Argentina se haya manejado mal en todo el proceso. Creo que tuvo una posición menos ambigua que la brasileña, apoyando mucho más al proyecto chavista. Recordemos la Cumbre en Mar del Plata. Allí pesó también la posición de Brasil. Lula podría haber apoyado el ALCA y con ello desbarataba cualquier horizonte para la integración regional. Lo que resulta indudable es que hay un proyecto regional que parece avanzar hacia delante.

–Ahora, tal como en el caso europeo, el Mercosur siempre fue planteado desde una dimensión económica.

–No, porque el proyecto bolivariano de Hugo Chávez tiene una forma de identidad político-cultural. Esto no excluye que las discusiones hoy pasen por el empleo de biocombustible o la construcción del Banco del Sur. Pero la integración está pensada en términos políticos. Tomemos como ejemplo la relación que mantiene Venezuela con Cuba. El capital que envía el gobierno de Chávez a la isla supera al que le envió la Unión Soviética. Asimismo, hay miles de médicos y maestros cubanos en Venezuela llevando a cabo programas sociales, que también se han implementado en la Argentina y en otros países de la región. Cuba está dependiendo económicamente de América latina como nunca lo había hecho. Esto no puede tener otra lectura que no sea política. Esta red de relaciones favoreció una “latinoamericanización” de Cuba, permitiéndole hacer frente al bloqueo norteamericano y a un nuevo proceso de transición. De otra manera no habría podido hacerlo.

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PIERRE ROSANVALLON: EL PODER DE LA CONTRA DEMOCRACIA


(extraído de Clarín.com-Revista Ñ, por GABRIEL ENTIN 24.03.2007)

EL FILÓSOFO POLÍTICO FRANCÉS AFIRMA QUE LA VIDA DEMOCRÁTICA DEPENDE CADA VEZ MENOS DE LAS ELECCIONES Y MÁS DE LA VIGILANCIA Y LA PRESIÓN CIUDADANA, QUE NACEN DE LA DESCONFIANZA EN FUNCIONARIOS E INSTITUCIONES.
Qué es la democracia es algo que se responde casi inmediatamente: la forma de gobierno donde los ciudadanos eligen periódicamente a sus representantes en elecciones libres. Pero cuando la sociedad desconfía de sus representantes y de las instituciones políticas la democracia y la política entran en crisis. Al contrario, para P. Rosanvallon, la desconfianza muestra otra cara de la democracia que las solas elecciones e instituciones representativas no permiten vislumbrar: "El buen ciudadano no es sólo quien vota de vez en cuando sino también quien vigila permanentemente, quien interpela a los poderes, los critica y los juzga". Además de la democracia electoral, dice, hay una "contra democracia", que es "la expresión directa de las expectativas y decepciones de la sociedad". Rosanvallon propone en su último libro La contre-démocratie analizar la desconfianza ciudadana como una nueva forma de comprender las transformaciones de hoy.

p—Hoy, dice, el ideal democrático es indiscutido pero en la práctica los regímenes democráticos son cada vez más criticados. ¿cómo entender entonces el concepto de democracia?

«r—No hay un modelo de democracia. Entender qué son las democracias no significa ver si un caso particular entra en las definiciones conceptuales que se dan. Desde mi punto de vista, la democracia es una historia y un campo activo de experiencias...Como horizonte regulador, la democracia es un régimen de la confianza, de la participación, de la implicación y una sociedad de la redistribución. Pero la democracia no es una forma política acabada y engendra una decepción que nace de la indeterminación del ideal democrático y de la dinámica de sus tensiones estructurantes.

«p—¿Esa decepción provoca lo que llama "contra democracia"?

«r—Hay dos momentos fundamentales de la actividad democrática. Por un lado, la vida electoral, la confrontación de programas; lo que llamamos la escena política, cuyo objetivo es instituir la confianza entre ciudadanos y gobernantes. Pero hay un segundo momento constituido por las intervenciones ciudadanas que buscan corregir los olvidos, las relajaciones y las desviaciones del poder. Los ciudadanos sancionan a los representantes no sólo en las urnas: los sondeos, la presión de los medios, las manifestaciones, los recursos ante la justicia son prácticas que se traducen en la institución de la desconfianza y que representan lo que yo llamo la contra democracia. Hay una democracia de la legitimación del poder y una de la vigilancia y del control del poder. Contra democracia no es lo opuesto a la democracia sino la democracia no institucionalizada, reactiva: la democracia de poderes indirectos diseminados en el cuerpo social. Y cada vez hay menos elección de candidatos y más descarte de personas que rechazamos porque han sido incompetentes o nos han decepcionado. En Francia es evidente que el resultado de las próximas elecciones presidenciales dependerá más de una dinámica de rechazo que de una lógica de proyecto. Los ciudadanos siempre ejercieron su desconfianza pero la rebelión y la disidencia contra los poderes se inscribían en una visión global de la sociedad. En cambio hoy la crítica no construye nada, se reduce a una expresión de descontento que no designa ninguna ambición sino una decepción que puede transformarse en demisión e inmovilismo.

«p—¿Pero la desconfianza provoca la pasividad de los ciudadanos o sirve para la vida democrática?

«r—El problema de la contra democracia es su ambivalencia. Detrás de la desconfianza hay una dimensión positiva relacionada con la vigilancia, que consiste en poner a prueba los poderes, en obligarlos a explicarse, a hacer públicos sus argumentos, a responder las demandas de la sociedad. Pero también puede degradarse en una visión puramente negativa, de sospecha permanente ... La desconfianza puede destruir la democracia si está separada de la participación política y si se da sin una organización de la legitimidad. Pero en sí misma es positiva porque la democracia no consiste sólo en la organización de poderes sino también de contra poderes. Los canales y objetivos de la expresión política se diversificaron; las grandes instituciones de representación y de negociación han disminuido sus roles mientras hay una multiplicación de otras organizaciones específicas que obtienen resultados tangibles e inmediatos. Conviene hablar de una mutación y no de un declive de la participación ciudadana: estoy en contra de los argumentos usuales de despolitización y repliegue del individuo en la esfera privada. Hay que romper con el mito del ciudadano pasivo.

«p—Si las elecciones no son suficientes para mantener una actividad democrática y la desconfianza puede llevar a un desastre, ¿cómo se puede consolidar la democracia?

«r—El verdadero problema no es la voluntad de actuar sino la falta de política y la ausencia de debates: la democracia no sólo consiste en manifestarse y votar sino también en la capacidad a la lucidez colectiva para arbitrar, decidir y construir un futuro común en el largo plazo. La actividad democrática significa escribir y vivir una historia común. La falta de organización institucional de debates, los pocos canales de expresión de la sociedad y una cierta pereza de los medios generan un riesgo de lo que llamo una democracia impolítica: una sociedad en la cual los ciudadanos son bastante activos pero ya no construyen juntos un proyecto positivo. La política de hoy se expresa en forma negativa y la responsabilidad no está sólo en los partidos sino también en los medios, intelectuales, asociaciones. Hay que estimular la producción de ideas y de análisis en la sociedad. Necesitamos una democracia de implicación y no hay recetas mágicas para ello. Hay que crearlas a través de la actividad ciudadana. Se trata de volver a una ciudadanía práctica y no sólo institucional, que debata continuamente la cuestión del interés general.

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ARTURO JAURETCHE: UN INTELECTUAL REO


Por Juan Pablo Rodoni

Arturo Jauretche (1901-1974) escapaba al rótulo de intelectual. Cuando admitió el término, lo hizo con una aclaración: él era un “intelectual reo”. Reo por su sabiduría surgida de libros y de la calle; por ir de frente y sin dejar que nada lo sujete. Temía ser confundido con los que llamaba “intelectuales puros”, aquellos que creen ser los únicos capacitados para entender lo que sucede; que no ven las cosas desde aquí; que defienden grandes valores universales pero nunca al hombre concreto; que contemplan los conflictos sin arriesgar nunca “el cuero”.
Pero, ¿intelectual para qué?: todos los escritos de Jauretche buscan consolidar una “posición nacional”: a la que él definía como “una línea política que obliga a pensar y dirigir el destino del país en vinculación directa con los intereses de las masas populares, la afirmación de nuestra independencia política en el orden internacional y la aspiración de una realización económica sin sujeción a intereses imperiales dominantes.”

Por su pensamiento nacional y popular Jauretche adhirió al radicalismo y al peronismo. Hacia 1927 se acercó al Yrigoyenismo, considerando que allí se encontraba la expresión genuina de la nación y el pueblo. Y tras el golpe de 1930 enfrentó a la restauración conservadora en huelgas universitarias, en la lucha partidaria, y en la lucha revolucionaria.
En 1935 impulsó la creación de FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) junto a M. Ortiz Pereyra, H. Manzi, R. Scalabrini Ortiz, etc. Esta agrupación tenía dos objetivos principales: por un lado, retomar, dentro de la U.C.R. las banderas yrigoyenistas; por otro, enfrentar a la oligarquía gobernante, denunciando la verdadera situación del país, como sostenían en la declaración de la conformación de FORJA: “SOMOS UNA ARGENTINA COLONIAL, QUEREMOS SER UNA ARGENTINA LIBRE”.
Desde FORJA, comenzó a trascender el pensamiento nacional y popular. Este pensamiento era algo nuevo y original. Entre los temas que desarrollaban estaba la exaltación del federalismo y del yrigoyenismo; la denuncia de los escándalos políticos (el fraude, la injerencia británica, etc); propuestas para que Argentina dejara su condición de dependiente (industrialización, nacionalización de los ferrocarriles); etc.
También era novedoso el lenguaje en el que se expresaban. Jauretche fue quien comenzó a popularizar términos como “Oligarca”, “Vendepatria”, “Cipayo”, “Descamisado”, que luego serían sello del discurso peronista.
No eran sólo semejanzas de términos; había coincidencias de fondo, véase como ejemplo, su crítica a la “democracia formal”, que sostendría posteriormente Perón: “La cosa es sencilla: se nos quiere hacer pasar por democracia el mantenimiento del parlamento, la justicia, las instituciones, es decir, lo formal que el Régimen maneja. Para nosotros la democracia es el gobierno del pueblo con o sin parlamento, con o sin jueces, y si el pueblo no gobierna, las instituciones no son más que las alcahuetas de la entrega.”
No eran coincidencias: Perón leía los cuadernos de FORJA. Y tras el golpe de 1943, Jauretche se entrevistó con Perón convenciéndose que el entonces coronel era el indicado para llevar a cabo las ideas de FORJA, iniciando así un contacto fluido entre ambos. Tras el 17 de octubre de 1945 FORJA se disolvió considerando que sus finalidades estaban cumplidas con el surgimiento del peronismo.
En 1946, fue nombrado presidente del Banco Provincia, cargo al que renunció en 1950. Los motivos para su alejamiento sólo los dio a conocer tras la caída de Perón, ya que había decidido callar toda crítica, para no hacerle el juego a la oposición: “Había desacuerdos. Pero me llamé a silencio. Porque sabía que, con todos sus defectos, la caída de Perón significaba la vuelta de la oligarquía y el imperialismo”.
Tras la Revolución Fusiladora, continuó su lucha publicando una serie de libros, entre los que se destacan: Los profetas del odio y la yapa (la colonización pedagógica), en el que desentraña la existencia de una superestructura cultural que impide el conocimiento de nuestra dependencia colonial; Manual de zonceras argentinas, en el que enumera las zonceras que nos han inculcado y repetimos sin analizar, impidiendo el desarrollo de un pensamiento nacional; y Política nacional y revisionismo histórico, donde desnuda “la política de la historia” que impide la formación de una conciencia histórica nacional y, por lo tanto, la concreción de una política nacional.

¿Fue Jauretche peronista?
Para calificar su posición política él prefería utilizar el término “nacional”, y sostenía que luchaba por una sola causa, la liberación del país: “De tal manera mi actuación en la política militante no ha estado regida por la adhesión a hombre alguno ni a estructura partidaria, sino en la medida que estos han sido instrumentos de esa causa” En este mismo sentido, agregaba que él estuvo, y estaría, con cualquier movimiento que expresara “...las soluciones nacionales, que son soberanía, independencia económica y justicia social, lo diga Perón, Plaza o Mongo Aurelio.”
Para Jauretche los dos primeros gobiernos de Perón fueron una etapa más en la larga empresa de emancipación nacional, que en un futuro, tarde o temprano, terminaría por concretarse. Y, en su opinión, para que ello ocurriese era necesario la autocrítica. Así es que en sus escritos analizó los errores cometidos por el peronismo entre 1946 y 1955. Errores que no eran muchos, pero que, a su juicio, permitieron la concreción de la revolución fusiladora: la burocratización del movimiento y la subestimación de lo intelectual dentro del mismo; la creación de una burocracia cortesana alrededor de Perón; el mal manejo de las relaciones del peronismo con los sectores medios (como el uso masivo de una propaganda centrada en aspectos superficiales sin hacer comprender a esos sectores que ellos también eran beneficiarios del crecimiento económico )
Vemos que sus críticas no caen en los lugares comunes de señalar la falta de libertades, ya que, como afirmaba, él sufrió esa falta de libertad antes, durante y después de los gobiernos de Perón, pero también sostenía: “entre las dos carencias de libertad, prefiero optar por la que me cierra la boca, pero que defiende al país, y me la cierra confesada y francamente, a la que me cierra la boca para impedir que defienda al país...Esos son los términos del problema, la encrucijada cuyos dos caminos parecen conducir a la opresión pero con esta diferencia: una opresión es hija del interés nacional, la otra del interés antinacional.”
Mas allá de los errores antes señalados, su balance de los dos primeros gobiernos peronistas era más que positivo: “Feliz nuestra generación que vivió después de 1943 los días de la PATRIA GRANDE, que no pudieron ver sus padres. ...hubo errores, crímenes, peculados, injusticias, lo mismo que en los días de la PATRIA CHICA. Pero se hizo historia, se echaron bases, que no serán abolidas porque están consolidadas en la conciencia de los argentinos. Se lograron conquistas, y la fundamental, una clara conciencia en el pueblo, que no permitirá la vuelta atrás.”

Para finalizar podemos decir que la acción de Arturo Jauretche debe servir de ejemplo. Toda su vida ha sido una lucha constante por realizar el destino de grandeza para nuestro pueblo y nuestra nación. Lucha que llevó adelante arriesgando “el pellejo”, con modestia y escasos recursos; cuestionando al pensamiento dominante, aunque corriera el riesgo de convertirse en un marginal, desnudando nuestras zonceras; reconociendo errores; defendiendo a la patria sin apelar al tono de acto escolar ni de marcha militar.
Si es difícil repetir su lucha, al menos podemos recurrir, a su optimismo, ya que Jauretche estaba convencido de que nada grande se puede hacer con la tristeza: "nos quieren tristes para que nos sintamos vencidos y los pueblos deprimidos no vencen ni en la cancha de fútbol, ni en el laboratorio, ni en el ejemplo moral, ni en las disputas económicas… Por eso venimos a combatir alegremente. Seguros de nuestro destino y sabiéndonos vencedores a corto o largo plazo".

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EL MOMENTO DE AMÉRICA LATINA, SEGÚN NOAM CHOMSKY


(Fuente: www.rebelion.org, entrevista de Bernie Dwyer)

Para América Latina, según el intelectual norteamericano, llegó la hora de la confianza y la esperanza. Confianza y esperanza basadas en el proceso abierto hacia la independencia real que han emprendido países como Venezuela, Argentina y Bolivia, abriendo vías que ahora, a diferencia de lo sucedido en las últimas décadas, sí parecen posibles.

-Recuerdo una canción irlandesa titulada "El despertar del oeste" en memoria de la insurrección de 1798. Habla de cómo el oeste de Irlanda permaneció dormido durante centenares de años bajo el dominio británico y de cómo despertó de su sueño y se alzó contra el opresor. ¿Podemos empezar a tener la esperanza de que el Sur se haya despertado?

-Lo que está ocurriendo es algo completamente nuevo en la historia del hemisferio. Desde la conquista española, los países de América Latina han permanecido muy separados los de los otros y orientados hacia la potencia imperial. Hay también una acusada fractura entre la reducida élite de los ricos y la inmensa población víctima de la pobreza. Las élites sacaban fuera su capital, viajaban, poseían segundas residencias, enviaban a sus hijos a estudiar a cualquier país europeo con el que tuvieran conexión, hasta sus sistemas de transporte estaban orientados hacia el exterior para la exportación de recursos, etc. Por primera vez esos países están empezando a integrarse de unos cuantos modos diferentes. Venezuela y Cuba son uno de esos casos. El Mercosur, que todavía no funciona demasiado, es otro caso. Venezuela, por supuesto, acaba de incorporarse a Mercosur, lo cual significa un gran paso adelante, acogido en forma entusiasta por los presidentes de Argentina y Brasil.
Por primera vez, la población indígena está dando muestras de actividad política. Acaban de ganar unas elecciones en Bolivia, lo que es un hecho muy notable. Existe una enorme población indígena en el Ecuador, incluso en el Perú, y algunos de ellos hacen llamamientos en favor de una nación indígena. Quieren controlar sus propios recursos. De hecho, muchos ni siquiera desean ver esos recursos explotados. Hay muchos que no ven qué sentido tiene ver cómo se destroza su cultura y su estilo de vida para que la gente pueda pasarse el rato en los atascos de tráfico de Nueva York.
Además de eso están empezando a mandar a paseo al Fondo Monetario Internacional. En épocas pasadas, los Estados Unidos podían impedir acontecimientos no deseados, como la independencia de América Latina, mediante la violencia, dando su apoyo a golpes militares, a la subversión, invasiones, etc. Ese esquema ya no funciona tan bien. La última vez que lo intentaron, el año 2002 en Venezuela, los Estados Unidos hubieron de dar marcha atrás ante las multitudinarias protestas de toda América Latina y, como es sabido, el golpe fue abortado desde el interior. Todo esto es muy nuevo.
Si los Estados Unidos pierden sus armas de control económico, quedan seriamente debilitados. Argentina, precisamente, está liberándose del FMI, como dicen en ese país. Están saldando sus deudas con el FMI. Las reglas del FMI que antes seguían han producido efectos completamente desastrosos. En esa tarea recibe la ayuda de Venezuela, que está comprando parte de la deuda argentina. Bolivia probablemente haga lo mismo. Bolivia ha aplicado rigurosamente durante 25 años las reglas impuestas por el FMI. La renta per cápita es actualmente inferior a la de hace 25 años. Quieren acabar con eso. Los demás países están haciendo lo mismo. El FMI es básicamente el ministerio de finanzas de los Estados Unidos. Es el arma económica que, junto con el arma militar, sirve para mantener el control. Ese mecanismo empieza a desmantelarse.
Todo esto tiene lugar sobre el telón de fondo de la actividad de importantes movimientos populares que, en la medida en que existieron en el pasado, fueron aplastados por la violencia, el terrorismo de Estado, la operación Cóndor, una monstruosidad tras otra. De esas armas ya no es posible echar mano.

-De lo que usted dice parece desprenderse que los Estados Unidos están perdiendo la guerra ideológica y tratan de compensarlo elevando su presencia militar en la región. ¿Diría usted que Cuba es un elemento clave como alentador y quizás inductor de los que está ocurriendo ahora mismo en América Latina?

-Fidel Castro, independientemente de lo que la gente pueda pensar de él, es un héroe en América Latina, ante todo porque plantó cara a los Estados Unidos. Es la primera vez en la historia del hemisferio que alguien planta cara a los Estados Unidos. A nadie le gusta estar bajo la bota, pero no son capaces de hacer nada para impedirlo. Así que ya sólo por esa razón es un héroe de América Latina. Lo mismo ocurre con Chávez. La cuestión ideológica que usted acertadamente plantea es el impacto del neoliberalismo. Es realmente llamativo, es una verdad aplastante, que durante los últimos 25 años los países que han hecho suyas las reglas neoliberales han sufrido una auténtica catástrofe económica y que, en cambio, los países que ignoraron esas reglas han crecido y se han desarrollado. Asia oriental se ha desarrollado rápidamente en gran parte por haber ignorado esas reglas. De Chile se afirma que es una economía de mercado, pero ésa es una afirmación muy engañosa: su principal exportador es una eficiente empresa estatal del cobre nacionalizada en tiempos de Allende. No es muy frecuente encontrar correlaciones como ésta en economía. La adhesión a las reglas neoliberales ha ido unida al fracaso económico, y su violación, al éxito: es muy difícil no darse cuenta de esto. Quizá algunos economistas no lo vean, pero la gente sí lo ve: lo viven cada día. Sí, la gente se está rebelando contra eso. Cuba es un símbolo. Venezuela es otro. Y también Argentina, cuando se recuperó de la catástrofe provocada por el FMI violando las reglas y haciéndolo de manera descarada, para luego enviar a paseo al FMI. Pues bien, ésta es la cuestión ideológica. El FMI no es más que una etiqueta que encubre un arma económica de dominación, y ahora está haciendo aguas.

-¿Por qué cree usted que el actual movimiento es diferente de la lucha que tuvo lugar anteriormente en Chile, por ejemplo cuando lograron derrocar la dictadura militar? ¿Qué es lo que le hace sentirse más esperanzado ante la fase actual del proceso de liberación de América Latina?

-Ante todo, hubo esperanza en América Latina en los años sesenta, pero fue aplastada por la fuerza. Chile se encaminaba hacia alguna forma de socialismo democrático, pero ya sabemos lo que ocurrió. Fue aquel primer 11 de septiembre, en 1973, que constituyó una auténtica catástrofe. La dictadura chilena, que es una historia de horrores, condujo también al desastre económico de Chile, provocando la peor recesión de su historia. Los militares cedieron entonces el poder a los civiles. Todavía es así: Chile no se ha liberado todavía del todo. Sólo se ha liberado parcialmente de la dictadura militar; y en los demás países esto es aún más verdad.
Por ejemplo, recuerdo de un viaje que hice por Chile hace un par de años, que la broma más corriente era que la gente decía que ojalá los militares chilenos hubieran sido lo bastante estúpidos como para entrar en guerra con Francia o alguna otra gran potencia, de forma que hubieran sido aplastados y desacreditados, y así la gente sería libre de la manera que lo era en Argentina, donde los militares se habían desacreditado por su derrota militar.
Pero de todos modos se ha ido dando un lento proceso en cada uno de esos países: Argentina, Brasil, Bolivia, un proceso de derrocamiento de las dictaduras dominantes -las dictaduras militares- casi siempre apoyadas y algunas veces establecidas por los Estados Unidos. Ahora esos países se están apoyando entre sí y los Estados Unidos no pueden recurrir a las mismas políticas de siempre.
Tomemos como ejemplo Brasil: si Lula hubiera estado gobernando en 1963, los Estados Unidos habrían hecho exactamente lo que hicieron cuando Goulart era presiden­te en 1963. El gobierno de Kennedy planeó exactamente una dictadura militar. Y se produjo un golpe militar que acabó con aquel gobierno. Eso ocurría en todo el hemisferio.
Ahora hay muchas más esperanzas porque eso no pueden hacerlo y porque existe cooperación. Se dan también pasos hacia la independencia, hay una estrategia política, económica y social, se defiende el acceso a los propios recursos, se establecen cambios sociales de una naturale­za tal que podría resolver los tremendos problemas inter­nos de América Latina, que son realmente temibles. Y una gran parte de los problemas de América Latina son simplemente internos. En América Latina, los ricos no han tenido nunca el menor sentido de la responsabilidad. Han hecho siempre lo que han querido

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OSVALDO BAYER: “KIRCHNER ES EL PRESIDENTE DE MÁS CORAJE CIVIL DESDE 1983”


(Entrevista por A. González Toro, en Revista Ñ, Clarín, 06/01/07)


-¿Qué opina de la política de derechos humanos del presidente Kirchner?

-Sin duda, ha sido el Presidente de más coraje civil desde 1983. Un hecho me llegó muy hondo: yo hice un filme para la televisión alemana, “Panteón militar”; allí denuncié que el retrato del general Videla estaba en la sala del Colegio Militar donde se reunían los cadetes: Pedí que se sacara esa foto: Por suerte, 12 años después, Kirchner lo hizo retirar.

-Sin embargo ese retrato no fue retirado: los originales desaparecieron misteriosamente la noche anterior a la ceremonia (Kirchner retiró otro en su lugar) y aún no se sabe qué fue de ellos.

-Que los militares hayan retirado los cuadros originales de Videla y Bignone no tiene importancia. Lo importante es que sus retratos no están más “adornando” las paredes del colegio donde se forman los futuros oficiales. El de Videla, por ser el “desaparecedor” de la historia argentina y el de Bignone por haber entregado a dos soldados conscriptos a los desaparecedores. En el ejército alemán –del cual los militares argentinos tomaron siempre ejemplo- fue una norma que los oficiales más que debían defender siempre a sus soldados, por más que estos se equivocaran. Es decir, Bignone tendría que haber sido un verdadero abogado defensor de ellos ante las acusaciones y haber exigido un juicio militar para esos soldados actuando él como defensor. Pero no lo hizo, los traicionó y los “desapareció”. Es un desleal y un criminal. ... Otro aspecto positivo de la política de derechos humanos es la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Y ahora ya se está juzgando públicamente a los asesinos. Ese es el camino que tendríamos haber hecho en 1983.

-¿Cree que las relaciones de fuerza, en ese momento, habrían permitido hacerlo?

-Creo que estaban dadas. y si no hubiera estado Alfonsín tendría que haberlas creado. Pero ésa no era su intención. Alfonsín, durante la dictadura se fue a vivir a Chascomús. A mí me han contado las Madres de Plaza de Mayo que fueron a verlo en los peores momentos de la dictadura; él estaba pescando en la laguna. No quiso ni recibirlas.

-¿No subestima la importancia del juicio a las Juntas Militares, ordenado por Alfonsín?

-No, no lo subestimo. Debido a las exigencias de los organismos de derechos humanos, él tenía que hacer algo. Entonces pasa el juicio al Tribunal Militar, que por supuesto los dejó a todos libres de culpa y cargo. Y también por la presión de estos organismos, se creó la CONADEP, que para mí fue una gran falsedad porque se formó con gente “relevante” de la sociedad, en vez de haberse creado una comisión bicameral para que se investigara todo bien a fondo. Entre esos “notables” estaba Ernesto Sábato. Con él, también estaba la señora Magdalena Ruiz Guiñazú, que había sido funcionaria, durante la dictadura, nada menos que de Martínez de Hoz...Por supuesto que algo se hizo, pero no sirvió para mucho. No se investigó a los culpables a fondo. Se publicaron las denuncias de los que estuvieron prisioneros, o las de sus parientes...

-La sociedad argentina, ¿tiene memoria o prefiere el olvido?

-Lo que más me molestó fueron las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. En 1961, cuando todavía se juzgaba a los asesinos alemanes de Auschwitz, el fiscal Fritz Bauer dijo: “No puede haber obediencia debida con los crímenes de lesa humanidad. Por ejemplo, precisó, si a un soldado se le ordena fusilar a un niño, el soldado tiene que negarse aunque pierda la vida”. Una vez le dije al ministro del Interior radical, Federico Storani: Me acuerdo bien que usted levantó la mano para votar las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Él miró al infinito y dijo: “Sí, pero se me fue el alma”.

-En 2005, a propósito de un testimonio sobre el Ejército Guerrillero del Pueblo que lideró Ricardo Massetti en Salta y que ejecutó a dos de sus “combatientes”, el filósofo Oscar del Barco escribió: “Somos responsables de esos asesinatos”. ¿Qué opina de esta postura, que abrió una polémica entre quienes fueron militantes o simpatizaron con la lucha armada?

-Es muy fácil declarar asesinos a la juventud que tomó el camino de la guerrilla. Ese es el trabajo que me tomé en mi libro Severino Di Giovanni donde trato de señalar que cuando hay violencia de arriba es inevitable que surja la violencia de abajo. Los golpes militares justificaron todas las reacciones. El bombardeo de la Plaza de Mayo, la operación Masacre, Onganía con la noche de los Bastones Largos, Lanusse y Trelew, Ezeiza, Las Tres A, y la desaparición con Videla son motivos más que crueles para comprender las reacciones. Yo estuve en contra de la guerrilla, estaba más de acuerdo con Agustín Tosco y su Cordobazo: la protesta con la gente en la calle, creo que ese hubiera sido el camino para terminar con la violencia de arriba y por ende, la de abajo.

-Usted parece tenerle una inquina especial a Ernesto Sábato. En uno de sus textos, recuerda las palabras que Sábato pronunció el 19 de mayo de 1976, tras una entrevista con el dictador: “El general Videla me dio una excelente impresión. Se trata de un hombre culto, modesto e inteligente. Me impresionó la amplitud de criterio y su cultura”.

-No soy peronista, pero no le perdono una frase en su libro El otro rostro del peronismo: “Perón era un resentido, como buen hijo natural”. No se puede decir eso. Menos un intelectual de izquierda como se dice él.

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LA LATA O LA PATRIA


Por José Pablo Feinman
Este es un texto para cuadros o pre-cuadros políticos. Voy a decirlo más claramente: si usted es un cuadro político (o, si prefiere, un militante político) ya estará metido en alguna parte. Donde sea, tenga claro que usted está allí para servir y no para servirse de la política. Esta sencilla idea lo alejará de la lacra moral de la corrupción. Si para usted la política es “trepar”, “hacer guita” o “tener poder” (para pisar la cabeza de los otros), hágale un favor a este pobre país: dedíquese a otra cosa. Hay negocios rentables. Actividades que dan dinero y fama. (...) No, hoy hacen falta cuadros, militantes, tipos honestos que quieran servir y no servirse de. Si usted es de esa rara clase, para usted son estas notas.

Usted, también, puede ser un pre-cuadro. Alguien que anda de duda en duda. Elogiable la duda, pero si nos lleva a algo. Cuando su duda lo lleve a “algo” usted dejará de ser un “pre” y será un militante político. (Donde sea: en el barrio, en la asamblea, haciéndole número a la democracia directa o en la fábrica o la universidad. O en algún partido.) Gran momento, para usted y para el país que necesita gente como usted. Porque algo está cambiando y puede cambiar. Sólo un consejo. Cuando llegue a un lugar a “participar”, “poner el hombro”, salir de su pegajosa soledad, de su solipcismo onanista, tiene que hacer una pregunta y no otra. La que tiene que hacer es: “¿En qué puedo servir? ¿En qué puedo ayudar? ¿Qué necesitan de mí?” La que no tiene que hacer es la que han venido haciendo los políticos desde hace ya demasiados años. La pregunta que definió el modelo de político abominado por la sociedad del “Que se vayan todos”. Usted sabe. Esa pregunta. La que hicieron Manzano, Grosso, Nosiglia. La que hizo todo el taimado batallón depredador menemista. La que hizo el Anticristo no bien asomó su cabezota a este mundo. La que hizo la Ingeniera Alsogaray. Esa pregunta. La pregunta del político argentino: “¿Dónde está la lata?”
No hay lata. Ni la lata quedó. Y si alguna quedó metieron adentro una trampa para ratones. El cretino que mete la mano la saca con algunos dedos menos, cinco. Los diarios andan diciendo que bajó la corrupción. Es bueno que baje. Será mejor que desaparezca. El que roba en un país de hambrientos es un hijo de mala madre. (...) Hay, insistamos, algo particularmente repugnante en la corrupción. Porque la política es, en última o primera instancia, el arte de participar en la polis para que la polis sea mejor, su cultura prospere, la gente coma, los pobres amainen como los guapos de Celedonio Flores, la vida tenga valor y sentido, el trabajo se respete. Paremos aquí. Llegamos a un punto que quema. El trabajo. Una sociedad se crea y se organiza para crear trabajo. “Con el sudor de mi frente”, se dice. Parte esencial de la cultura política actual: la revalorización del trabajo, del esfuerzo. Vale la pena romperse las asentaderas. (...) Sin embargo, para que un tipo sienta eso (que vale la pena romperse “eso”) tiene que saber que todos se lo rompen. El Poder se engalana demasiado, desborda pompa y circunstancia. Los funcionarios se lo creen. Les ponen una secretaria y se van a los caños. Les ponen una alfombra y ya caminan distinto, como pavos reales patéticos. Les ponen veinte teléfonos y no atienden a nadie. Tener poder es incluirse en un mecanismo creado para que nadie llegue a uno. (Y su triste contracara: que uno no llegue a nadie.) Este contexto ya los hace sentir “distintos”. No son “hombres comunes”. Y aquí el riesgo de la corrupción ya es grande. El Poder está estructurado para que los poderosos (sintiendo que es algo inherente a su poder) roben.
Grave problema argentino: ¿cómo restaurar una ética del trabajo en una sociedad de ladrones? Barrionuevo, en los execrables años noventa, dijo una frase infame: “Aquí la guita no se hace trabajando”. Increíblemente (y eso muestra lo bajo que llegó este país), la frase jugó a su favor: ¡el tipo, por lo menos, había dicho la verdad! Pero la frase es infame. Hoy, desde el país que hoy queremos, con transparencia, honestidad y trabajo, se ha vuelto infame. En los noventa era la piolada de un impune. ¿Qué país se puede hacer con la ética que late en ese apotegma sarcástico y jodón? Veamos: por un lado, la guita. Por el otro, el trabajo. La hazaña teórica de Barrionuevo radica en la disociación de ambos conceptos. Se acabó la relación entre la guita y el trabajo. La guita “no se hace trabajando”. Se hace de “otra manera”. La gilada no sabe cómo.
En rigor, lo que dijo Barrionuevo es “la guita se hace robando”. Bajarle un mensaje así a una sociedad es, además de un escupitajo injurioso, ultrajante, una indecencia y una imposibilidad. La imposibilidad de hacer un país. Porque un país se vuelve imposible cuando los que lo quieren hacer se lo quieren robar. Y el robo le es tan esencial al poder que no robar es no ejercerlo. Cierta vez, un funcionario le dijo a otro, a uno que recién llegaba: “No seas corrupto, pero tampoco seas boludo”. O sea, no afanés, pero afaná; porque si no afanás no sos lo que sos, un tipo del Poder. Un tipo del Poder tiene que afanar. Si no, es como cualquier otro: un boludo.
Volvamos: la cosa es que hubo una noticia buena. La corrupción bajó. Métase en política entonces. Y desplace a los viejos. A los que confunden la patria con la lata. Porque, en la Argentina, la lata no se va terminar. Recuerden a Sarmiento. “El mal que aqueja a la Argentina es la extensión”. Resignifiquemos: “El mal que aqueja a la Argentina es la extensión de la lata”. Es inextinguible. Lata habrá siempre porque este país es –por fortuna y por desgracia– rico. Ergo, si la lata no tiene fin, lo que tiene que tener fin es el robo. Las manitos afuera. Y toda lata que se precie vendrá con un mecanismo de cierre automático, doloroso y justiciero. No bien la mano entra, ¡paf!, la lata se cierra y no se abre más(...) El tema es nuestro. Es prioritario. Señores, aquí no se puede robar más. Aquí, de ahora en adelante, la plata se hace trabajando o no se hace. Aquí, si se quiere cambiar, que a nadie se le diga “no seas corrupto, pero tampoco boludo”. Que se le diga: “No seas corrupto, boludo”. En una de ésas, quién les dice, nos despertamos un día y tenemos un país.
(En Escritos imprudentes II, B. Aires, Norma, 2005).

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WALSH EN LA MEMORIA


“SIN ESPERANZA DE SER ESCUCHADO, CON LA CERTEZA DE SER PERSEGUIDO”


Rodolfo Walsh, secuestrado el 25 de marzo de 1977, fue un periodista y escritor de profundo compromiso político.
Al cumplirse un año del 24 de marzo, envió a distintas redacciones y agencias su “Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar”, hoy considerada como el texto mayor del periodismo latinoamericano, pero que en ese momento nadie publicó.
En la carta (de la que tomamos algunos párrafos), Walsh da un diagnóstico preciso de lo que estaba sucediendo en el país, contrastable con el ‘yo no sabía nada’ que tantos comunicadores esgrimieron cuando el terror quedó al desnudo y volvió la democracia.
Al día siguiente de ese envío, fue emboscado por un Grupo de Tareas de la ESMA, al que se enfrentó a tiros.
Sus asesinos comenzarán a ser juzgados en las próximas semanas.



CARTA ABIERTA DE UN ESCRITOR A LA JUNTA MILITAR

“El 24 de marzo de 1976 (...) lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transitorio de Isabel Martínez sino la posibilidad de un proceso democrático donde el pueblo remediara males que ustedes continuaron y agravaron, (...) prohibiendo los partidos, interviniendo los sindicatos, amordazando la prensa e implantando el terror más profundo que ha conocido la sociedad argentina.
Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror. (...) Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista, observador internacional. (...) El potro, el torno, el despellejamiento en vida, la sierra de los inquisidores medievales reaparecen en los testimonios junto con la picana y el "submarino", el soplete de las actualizaciones contemporáneas.
Depositarios de una culpa colectiva abolida en las normas civilizadas de justicia, incapaces de influir en la política que dicta los hechos por los cuales son represaliados, muchos de esos rehenes son delegados sindicales, intelectuales, familiares de guerrilleros, opositores no armados, simples sospechosos a los que se mata para equilibrar la balanza de las bajas según la doctrina extranjera de "cuenta-cadáveres" que usaron los SS en los países ocupados y los invasores en Vietnam.
En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada.
Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamación colectiva, prohibiendo asambleas y comisiones internas, alargando horarios, (...) y cuando los trabajadores han querido protestar los han calificados de subversivos, secuestrando cuerpos enteros de delegados que en algunos casos aparecieron muertos, y en otros no aparecieron.
Dictada por el FMI según una receta que se aplica indistintamente al Zaire o a Chile, a Uruguay o Indonesia, la política económica de esa Junta sólo reconoce como beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora y un grupo selecto de monopolios internacionales encabezados por la ITT, la Esso, las automotrices, la U.S.Steel, la Siemens, al que están ligados personalmente el ministro Martínez de Hoz y todos los miembros de su gabinete.
Frente al conjunto de esos hechos cabe preguntarse quiénes son los ‘apátridas’ de los comunicados oficiales, dónde están los ‘mercenarios al servicio de intereses foráneos’, cuál es ‘la ideología que amenaza al ser nacional’. (...)
Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles.”

Rodolfo Walsh. - C.I. 2845022 Buenos Aires, 24 de marzo de 1977.

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LA ÚLTIMA DICTADURA MILITAR (24/3/1976-10/12/1983)


El 24 de marzo de 1976, la presidenta M. E. Martínez de Perón fue detenida y asumió el poder la Junta de Comandantes, integrada por el Tte Gral. Jorge R. Videla, el Alte Eduardo E. Massera y el Brig. Gral. Orlando R. Agosti, con Videla como presidente de facto. Comenzó el autodenominado "Proceso de Reorganización Nacional".


José Martínez de Hoz fue designado ministro de Economía y, el 2 de abril, anunció su plan para contener la inflación, detener la especulación y estimular las inversiones extranjeras. La gestión de Martínez de Hoz fue totalmente coherente con los objetivos que los militares se propusieron. Durante este período, la deuda empresaria y las deudas externas pública y privada se duplicaron. La deuda privada pronto se estatizó, cercenando aún más la capacidad de regulación estatal.

Con ese clima económico, la Junta Militar impuso el terrorismo de Estado que desarrolló un proyecto planificado, dirigido a destruir toda forma de participación popular. El régimen militar puso en marcha una represión implacable sobre todas las fuerzas democráticas: políticas, sociales y sindicales, con el objetivo de someter a la población mediante el terror de Estado para instaurar terror en la población y así imponer el "orden", sin ninguna voz disidente. Se inauguró el proceso autoritario más sangriento que registra la historia de nuestro país. Estudiantes, sindicalistas, intelectuales, profesionales y otros fueron secuestrados, asesinados y "desaparecieron". Mientras tanto, mucha gente se exilió.


FRASES QUE GRAFICAN AQUELLA ETAPA NEGRA:

“PRIMERO MATAREMOS A TODOS LOS SUBVERSIVOS, LUEGO MATAREMOS A SUS COLABORADORES, DESPUÉS... A SUS SIMPATIZANTES, ENSEGUIDA... A AQUELLOS QUE PERMANECEN INDIFERENTES, Y FINALMENTE MATAREMOS A LOS TÍMIDOS“
(General Ibérico Saint Jean. Gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Mayo de 1977)

“NO DIGO ADIÓS, DIGO HASTA LUEGO”
(Martínez de Hoz al dejar el ministerio de Economía)

“LOS DESAPARECIDOS NO ESTÁN, NO EXISTEN, NO TIENEN ENTIDAD”
(Videla dando explicaciones a la prensa internacional por la violación de los derechos humanos)

“LAS URNAS ESTÁN BIEN GUARDADAS”
(General Leopoldo Galtieri, 1981)

DIJO EL DIARIO BAHIENSE “LA NUEVA PROVINCIA”:

“Enemigo es, salvando cualquier duda, el aparato subversivo en todas sus facetas; el ‘sacerdocio’ tercermundista, que, desesperanzado de alcanzar el cielo, intenta transformar la tierra en un infierno bolchevique; la corrupción sindical, que lejos de considerar al trabajo ‘orgullo de la estirpe’, le ha rebajado, convirtiéndolo en un vil chantaje y holganza: los partidos políticos, nacidos, según sus encendidas mentiras, para servir el bien común, pero, desde sus orígenes, sólo interesados en subordinarlo a mezquinos intereses de comité...
Al enemigo es menester destruirlo allí donde se encuentre, mas destruirlo sabiendo que sobre la sangre redentora debe alzarse la segunda república....a la violencia destructora y asesina es necesario responderle con una violencia que, soslayando condescendencias equívocas, no haga distingos al emplear su fuerza limpia contra las banderías opuestas.”

(Editorial del 24 de Marzo de 1976 “Refundar la Patria. Si así lo hiciereis, que Dios os lo Premie; sino, que os lo demande”)

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FIDEL OPINA DE PERÓN Y KIRCHNER


“NO SE ALCANZA EL CIELO EN UN DÍA, PERO CRÉAME QUE LOS ARGENTINOS HAN ASESTADO UN DESCOMUNAL GOLPE A UN SÍMBOLO, Y ESO TIENE UN ENORME VALOR”


-¿Qué opinión tiene usted sobre esa aparente contradicción entre el progresismo y lo militar?

-Mire, ahí tenemos, en Venezuela, un ejército jugando un importante papel con la revolución bolivariana....Lázaro Cárdenas, un general de la revolución mexicana, que es el que nacionaliza el petroleo, tiene un valor muy grande, hace reformas agrarias y conquista el apoyo del pueblo...Perón, en Argentina, era también de origen militar, hay que ver en el momento en que surge, en 1943 lo nombran secretario de Trabajo y hace tales leyes que cuando lo llevan a las prisiones el pueblo lo rescata, y era un jefe militar.
También hay un civil que tuvo influencia en los militares, estudió en Italia, donde también había estado Perón, que fue Jorge Eliécer Gaitán, y eran líderes populares. Perón era agregado de esa embajada, estuvo allá en Roma en los años treinta en la era mussoliniana, y algunas de las formas y métodos de movilizaciones de masas que vio lo impresionaron, hubo influencia, incluso en algunos procesos; pero en estos casos que he mencionado esa influencia Gaitán y Perón la utilizaron en un sentido positivo, porque hay que ver que Perón hizo reformas sociales.
Perón comete, digamos, un error: ofende a la oligarquía argentina, la humilla, le quita el teatro simbólico y algunas instituciones simbólicas; trabajó con las reservas y los recursos que tenía el país y mejoró las condiciones de vida de los trabajadores, y los obreros son muy agradecidos, y Perón se convirtió en un ídolo de los trabajadores.

-En Argentina, Perón y el peronismo siguen teniendo una influencia considerable. Una Argentina donde, en cierta medida, en diciembre del 2001 el modelo neoliberal se derrumbó estrepitosamente. ¿Qué opina usted de los acontecimientos recientes de Argentina?

- Cuando en mayo de 2003 llegaron las noticias del resultado electoral en Argentina anunciando la victoria de Néstor Kirchner y la derrota de Carlos Menem sentí gran satisfacción y júbilo. ¿Por qué? Fíjese, hay una razón muy grande: lo peor del capitalismo salvaje, como diría Chávez, lo peor de la globalización neoliberal, el símbolo por excelencia del neoliberalismo fue derrotado...Mi opinión es que el símbolo de la globalización neoliberal ha recibido un colosal golpe.
Los argentinos no saben el servicio que le han prestado a América Latina; el servicio que le han prestado al mundo al hundir en la fosa del Pacífico, que tiene más de ocho mil metros de profundidad, el símbolo de la globalización neoliberal. Le han insuflado tremenda fuerza al número creciente de personas que han ido tomando conciencia en toda nuestra América sobre qué cosa tan horrible y fatal es eso que se llama globalización neoliberal.
Si se quiere, podíamos partir de lo que el difunto Papa Juan Pablo II dijo muchas veces y cuando estuvo de visita en Cuba en 1998, cuando habló de la ´globalización de la solidaridad´. ¿Alguien estaría en contra de la globalización de la solidaridad en el más cabal concepto de la palabra, que abarque no sólo las relaciones entre los hombres y mujeres dentro de la frontera de un país, sino dentro de las fronteras del planeta, y que la solidaridad la ejerzan también aquellos que derrochan el dinero y destruyen y malbaratan los recursos naturales y condenan a muerte a los habitantes de este planeta?
No se alcanza el cielo en un día, pero créame que los argentinos han asestado un descomunal golpe a un símbolo, y eso tiene un enorme valor”


Extraído de: RAMONET, Ignacio, FIDEL CASTRO: BIOGRAFÍA A DOS VOCES. 2ª ed. Buenos Aires, Debate, 2006.

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“POPULISTA”, UN NUEVO INSULTO


(Por G. Maringoni en www.rodolfowalsh.org.ar)

La derecha inventó una forma de descalificar a quién se opone a ella: “populista”. Pero, ¿qué es el “populismo”?

La nacionalización plena de las riquezas del subsuelo boliviano generó un racimo de acusaciones al presidente Evo Morales. La mayor parte de ellas se debe a la dificultad de los medios y del conservadurismo de entender qué fue lo que sucedió en el país vecino. Otra parte viene de una clara mala fe. Una de las acusaciones más repetidas es la de que estaríamos delante de un gesto más de un “populismo retrógrado”.

Acusaciones
El término “populismo” ha sido tomado por el pensamiento conservador como pieza de acusación contra cualquier tentativa de ruptura con los estrechos caminos de la ortodoxia neoliberal. Quien se atreve a fortalecer el carácter público del estado e intentar materializar políticas distributivas de renta, será enseguida tildado de “populista” en las páginas y pantallas de la gran prensa nacional. Equiparando el término a la demagogia, a la mentira y al discurso vacío de políticos astutos para mantenerse en el poder. el término también fue maltratado y descalificado por cierta intelectualidad.
Es preciso examinar lo que significa “populismo” y lo que quieren decir los acusadores.

“Economist” entra en escena
La revista británica “Economist”, edición del 12 de abril último, publicó una nota titulada “El retorno del populismo”. Allí afirma que “la tan renombrada guiñada para la izquierda enmascara algo más complejo: el renacimiento de una influyente tradición latinoamericana”. Los nuevos dirigentes continentales son divididos en dos grupos. El primero estaría formado por “social-demócratas de izquierda moderada”, como Lula de Brasil, M. Bachelet de Chile, y Tabaré Vazquez de Uruguay. Un segundo grupo incluye a Chávez de Venezuela, Evo Morales de Bolivia y Kirchner. En este grupo estarían los “populistas”. La revista no consigue definir bien qué sería “populismo”. “El término generalmente describe un político que busca popularidad a través de los bajos instintos de los electores”. La revista nada dice del marketing político, que busca quitarle a la elección política cualquier rasgo de razón, centrándose básicamente en los aspectos emocionales y simbólicos de cada candidato.

Concepto elástico
La socióloga venezolana M. López Maya señala que “populismo no es, estrictamente hablando, ni un movimiento socio-político, ni un régimen, o un tipo de organización, sino fundamentalmente un discurso que puede estar presente en el interior de organizaciones, movimientos o regímenes muy diferentes entre sí”. Una clasificación general de lo que sería un líder populista, comúnmente aceptada, da cuenta de que se trata de un dirigente que establece canales directos con el pueblo, sin la mediación de instituciones, entidades o instancias.
El líder populista se relaciona con multitudes, por encima de los partidos, sindicatos, parlamentos, etc. Existe un componente centralizador en la figura del jefe populista, en donde, por la falta de mediadores, se vuelve la propia encarnación del Estado en el imaginario de las clases populares urbanas (por ej. Perón )

Bases objetivas
Pero no se puede examinar las manifestaciones del populismo apenas por sus aspectos exteriores o manifestaciones fragmentadas. Es necesario observar cuales son las base objetivas para su surgimiento. En primer lugar, es necesario verificar que el populismo se da prioritariamente en sociedades de capitalismo tardía, industrialización y urbanización aceleradas y desplazamiento de grandes contingentes de población del campo para la ciudad en cortos períodos de tiempo. Esos factores raramente estuvieron presentes en países de desarrollo industrial más extensivo, como sucedió en Europa y en los Estados Unidos.

Populismo actual
¿En qué aspecto las prácticas políticas de Hugo Chávez, Evo Morales y otros pueden ser caracterizadas como populistas y qué populismo es ése? En el caso de Chávez, por ejemplo, el está a kilómetros de distancia de la demagogia de sectores que se valieron de la práctica populista como forma de ejercer el dominio conservador.
Venezuela vive una crisis política y social profunda desde, al menos, 1983, cuando, por el alto endeudamiento y la caída de los precios internacionales del petróleo, el país literalmente quebró. En 1989 la situación se agudizó más aún. Después de un acuerdo con el FMI, firmado por el presidente Carlos Andrés Pérez, es anunciado un rígido paquete económico duplicando los precios internos de los combustibles, cortando gastos y empleos públicos e imponiendo un severo control fiscal a la economía.
Resultado: tres días después del anuncio, el 27 de febrero, una verdadera rebelión popular toma cuenta de Venezuela. Saqueos, desmanes, y manifestaciones contra el gobierno se suceden en las principales ciudades. El ejercito interviene con una brutalidad inigualable. El episodio quedó conocido como el Carachazo.
Se desmorona allí una arquitectura social y un padrón de convivencia construidos a lo largo de todo el siglo, teóricamente basado en la tolerancia y en el respeto a las diferencias. Y el país asiste a una amplia desarticulación de sus instituciones representativas, con la pérdida de legitimidad de la Justicia, del Parlamento, de los sindicatos y asociaciones de clase. La crisis económica se completaba con la crisis política. Hugo Chávez, que tentara una sublevación militar en febrero de 1992, surge en el contexto de esa crisis y se vuelve un líder extremamente popular de la noche al día.
Cuando gana las elecciones, Chávez se ve frente a una sociedad fragmentada y sin referencias institucionales con credibilidad. Sin marcos legales para se encuadrar, el se vale de su inmenso prestigio personal y de su agudísima intuición y osadía políticas. No había, en Venezuela, otro camino más que el de ejercer su liderazgo en línea directa con las masas.
Hay aquí un parecido distante con características de algunos países latinoamericanos en el siglo XX, relatada anteriormente: estamos frente a una sociedad en transformación acelerada, en proceso de definición de nuevos estructuras institucionales y políticas. No hay movimiento social organizado autónomamente en el país. En una frase, no existen puntos de apoyo. No se trataba -y no se trata- de una voluntad premeditadamente caudillesca y autoritaria, como acusan sus enemigos, sino a una adaptación a las condiciones objetivas encontradas.
Chávez no es sólo un líder, sino el principal y prácticamente el único garante del proceso político en curso en su país. No es para espantarse que su práctica tenga, de hecho, contornos populistas. Su populismo radical, no obstante, tiene características civilizadoras en la realidad venezolana. Al liderar el proceso constituyente y establecer nuevos parámetros de convivencia e incentivar la organización social, el mandatario venezolano busca rediseñar el Estado y su papel como ente público. Irónicamente, él es un populista que, al fortalecer la organización popular, va camino a acabar con el populismo.
En un punto, “Economist” tiene razón: “Una gran razón para la persistencia del populismo es la extrema desigualdad social en la región”. Es posible completar: desigualdad acentuada por la vigencia del neoliberalismo. Hay un trazo común en los países latinoamericanos que asisten al surgimiento de nuevos personajes políticos. Ellos entran en escena en la estera de la destrucción de normas y parámetros de convivencia social e institucional de los últimos 15 años. Y los liderazgos que surgen son más o menos populistas, de acuerdo con cada situación.

En resumen
1) Nadie es populista porque y cuando quiere. Eso corresponde a necesidades históricas objetivas;
2) El populismo permitió la entrada de las masas empobrecidas en el escenario político latinoamericano;
3 La acusación de “populista” hecha por la derecha en la actualidad busca encubrir el debate sobre las alternativas al pensamiento único;
4) El populismo no es en sí, positivo o negativo. El centro de la cuestión es: la devastación neoliberal debilitó parámetros de convivencia institucionales. Recuperarlos muchas veces -como muestra el caso venezolano- ha sido tarea de dirigentes con capacidad de relacionarse en línea directa con la población.

Todo esto es teoría. En la práctica, la derecha odia a los populistas, por sobre todo, porque en el término está implícita la palabra “pueblo”.

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